Pero I Was Burn, But... es distinta a la mayoría de las películas de Ozu que he tenido el agrado de ver, pues pese a que sigue basándose en su tema fundamental de la familia japonesa contemporánea, ahora lo hace a través de los métodos de la comedia por sobre de las del drama. Centrándose en dos personajes infantiles hermanos que llegan a un pueblo nuevo, nos presenta una lección de vida, una fábula (como dice su título original) para niños y adultos, que nos enseña, de alguna manera, cómo convivir con nuestros iguales y qué es lo que queremos de la vida.
Pero la película no se trata del padre, sino de los niños, que empiezan a tener graves problemas con los chicos del pueblo (uno de los cuales es el hijo del jefe del que hablaba), con quienes se pelean constantemente. Llegan al extremo de faltar a clases para evitar encontrarse con ellos, llegando obviamente al extremo de mentirle a sus padres, lo cual será inmediatamente descubierto. La película se mueve por esos códigos de esconder, descubrir y luego un giro; como el momento en el que los niños le pagan a un joven empleado de un licorería para amenazar al bravucón en jefe, por lo que ellos se transforman en los nuevos "líderes".
Es increíble lo rápida que se vuelve la película cuando ya empieza a agarrar su propio ritmo de comedia, sobre todo cuando se trata de una película muda, pero se mantiene debido a que la mayor parte de ese humor tiene que ser físico, y las situaciones, algunas, son bastante graciosas como para avanzar la trama y describirnos, a la vez, a los personajes. Sin embargo, no es perfecta, y muchas veces termina siendo débil en ese aspecto.El punto alto de todo es la calidad de las actuaciones de todos los niños que pululan la cinta, así como el mensaje que viene a volver delicado nuestros corazones hacia el final, donde aprendemos que no importa tanto lo que somos para los demás, sino lo que somos para quienes amamos y para quienes de verdad nos importan. Qué lindo. El DVD que me dió Sam es de la colección Eclipse de Criterion, con una banda sonora increíble (mi mamá dijo que parecía que alguien estuviera tocando en la pieza), y un menú bastante simple. Sobre la calidad no puedo quejarme, quiero creer que es la mejor a la que se puede aspirar tratándose de un filme japonés tan antiguo.
9/10




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