lunes, 27 de agosto de 2012

100 Días de Terror - Nº 35: Duel (1971)

Nouvelle Vague, por Jaime Grijalba.
Tal vez una de las mayores inspiraciones para Steven Spielberg sea el cine del espectáculo de Cecil B. Demille, con enormes sets, grandes efectos especiales, actores legendarios, historias moralísticas, grandes secuencias de gran complejidad y costo, además de tener una enorme capacidad de atraer al público en masas con las películas más grandes que el cine había visto hasta ese entonces. Bueno, creo que eso puede aplicarse al Steven Spielberg que tenemos hoy en día realizando cintas épicas como "War Horse" (2011) o la próxima a estrenarse "Lincoln" (2012) que promete ser una biopic tremenda de uno de los presidentes más recordados de la historia en el mundo, debido a su involucración en uno de los eventos norteamericanos más interesantes de estudiar: la guerra civil. Sin embargo, en este primer ejercicio en terror, suspenso y cinematografía para televisión, tenemos una presencia de Demille combinada con una mayor presencia de directores de la nueva ola francesa, la Nouvelle Vague, siendo las principales inspiraciones Godard y Truffaut, directores polarmente opuestos en cuanto al cine que finalmente realizaron en sus vidas, pero que realizaron películas que de alguna manera tuvieron su clara influencia sobre esta meditativa pieza de terror mecánico que se conoce como "Duel" (1971).
La premisa y la película es simple. Un auto va por una carretera en medio del desierto, nuestro conductor quiere llegar pronto a su destino, está apurado, y todo sale mal cuando un enorme camión (demoníaco, lanzando humo por su escape) le bloquea el camino, impidiéndole que lo adelante a cada momento en que parecen competir. Sin embargo, nuestro audaz automovilista logra finalmente adelantar al camión, pero el conductor de ese monstruoso auto parece no gustarle el gesto, así que ha decidido perseguirlo, golpearle el parachoques y seguirlo para donde sea que vaya, arrasando con todo a su camino con el fin de matar a nuestro pobre automovilista por el simple hecho de atreverse a adelantarlo. Háblenme de otro caso de furia de camino, por favor. Entonces seremos testigos por la siguiente hora y algunos minutos una constante persecución entre ambos elementos: auto pequeño y camión enorme. La película está grabada con una maestría y peculiaridad que resulta siempre interesante cuando se le compara con películas de la nueva ola francesa, sobre todo "À bout de souffle" (1960) en la cual Jean Paul Belmondo pasa gran parte de su tiempo manejando un auto, mostrándonos el paisaje y hablando, cosas que se replican pero en el caso del conductor protagonista de esta historia.
Es difícil mantener dinámica una persecución que dura toda una película, pero Spielberg sale airoso del experimento sabiendo cuando cortar y dónde poner la cámara, mostrándonos siempre ángulos interesantes y formas nuevas de mostrar el desierto y la carretera que rodea a estos dos fuerzas del destino que vienen a chocar una contra otra en cada momento, siempre con resultados cada vez más peligrosos, subiendo el riesgo a cada momento, aumentando la tensión y con diálogo/monólogo de nuestro protagonista que nos deja siempre interesados en lo que vive en su interior. De alguna manera, en la forma novedosa que tiene de capturar los movimientos, las partes y la forma en que las máquinas son capturadas al corto estudiantil de George Lucas, "1:42:08" (1966), una belleza de la captura de deportes, a la vez que una historia simple de constante superación, además de ser una maravilla técnica en muchos sentidos.
Finalmente sólo queda decir que como pieza de horror esta película gana mucho con tan sólo una pregunta: ¿Quién es el conductor del camión y por qué lo hace? La respuesta es simple y aterradora: es cualquier persona... y lo hace porque le da la gana... y puede estar en tu próximo viaje solitario.
9/10