martes, 21 de agosto de 2012

100 Días de Terror - Nº29: The Hunger (1983)

Debut Artístico, por Jaime Grijalba.
Por motivo de la reciente muerte del siempre interesante director Tony Scott, he decidido revisar y criticar su debut cinematográfico, el cual justo había visto hace unas dos semanas y que justamente se trata de una película de terror, una de vampiros para rematar el asunto, así que espero que disfruten este doble tributo que le estoy haciendo a este increíble director (esta entrada y la anterior, mi obituario). Primero tengo que aclarar que los primeros momentos de esta cinta me dejaron claro que Scott siempre fue Scott y que su arte siempre ha sido el de la visualidad exagerada y el gran espectáculo que nos da el color, una coreografía y encuadre siempre interesante... cuando se puede encuadrar algo de manera convencional, mejor encuádralo de la forma más creativa y que nunca nadie haya visto en la historia del cine, ese era el modelo a seguir de Tony Scott, y esa secuencia con BauHaus al principio, donde un montón de luces, música, láseres, cuerpos bailando y mostrándonos trozos de los mismos, sangre y dientes, furia y pasión mezcladas en un abrazo mortal infinito nos lleva a pensar que quizás estamos en la mejor adaptación a nuestros días del mito vampírico.
Al menos eso pensamos hasta que nuestro protagonista muere. O al menos, creemos que es nuestro protagonista David Bowie, porque... al fin y al cabo, él es David Bowie, pero es afectado por la maldición de estos vampiros modernos: morir, porque no son vampiros reales, sino que unos remedos de los mismos, que mantienen su juventud bebiendo la sangre de los inocentes. El verdadero vampiro es la pareja de David Bowie, Catherine Deneuve, que entierra a sus amantes (de los cuales tiene varios como podemos ver por la enorme cantidad de ataudes que tiene acumulado en su ático) apenas vivos y más viejos que el tipo que bebe de la copa incorrecta al final de la última cruzada de Indiana Jones. De ahí aparece Susan Sarandon para reemplazar a Bowie como la amante de Deneuve, y aunque para muchos ver a Sarandon y Deneuve es la gracia, para mí la película se desinfla completamente.
Sí, tenemos escenas bellísimas y muy violentas en esta segunda sección de la historia, varias gargantas cercenadas y muchas escenas de amor entre estas dos actrices y que son filmadas de una manera muy especial y tremendamente bien fotografiadas. El problema viene por la trama... ya sabemos lo que le pasa a sus amantes, podemos ver a una milla qué es lo que pasa, y como sabemos qué es lo que pasa, nos ponemos en la disyuntiva de qué pasaría si no pasa eso... y eso es justamente lo que pasa. Una película puede ser bellísima, pero nunca puede ser predecible, y eso es algo que no me gusta de las películas que veo: poder saber el final antes de tiempo. Aparte, Sarandon no tiene la misma energía que Bowie en escena, y sé que Bowie no es actor, pero aquí se luce con y sin el maquillaje que tiene que usar hacia el final de su aparición.
Una película con mucho que admirar, pero poco de qué recordar memorablemente en cuanto a trama y guión, lamentablemente el concepto resultó ser tan interesante que termina siendo absorvido por el espectador, y eso conlleva a que hay que siempre estar entrampándolo para salir del camino de lo predecible.
6/10