jueves, 29 de diciembre de 2011

Kiseki (2011)

Esta es la crítica a una de las películas más esperadas del 2011, de acuerdo a la lista que hice a inicios de este año.

Milagros Forzados, por Jaime Grijalba.
Hirozaku Koreeda es la única razón por la cual I Wish no se hunde como un cadáver al fondo del mar. Esta película debe ser la peor introducción a uno de los directores japoneses más interesantes del último tiempo y que aún se dedica a hacer cine clásico, pero a la vez lleno de experimentos y razones interesantes para contar historias (muchas veces cercano al documental como en "After Life" (1998), pero aquí decide irse por el retrato del mundo infantil (algo de lo cual ya se ha hecho cargo en muchas de sus obras, pero especialmente en "Nobody Knows" (2004) ), pero aquí con intenciones más cercanas a la ganancia económica (de ahí lo mainstream que se siente todo) que a la altura artística, que puede encontrarse tan solo en momentos separados y tan imperceptibles que se siente más como un intento que quedó a medias.
La historia trata sobre una familia que ha sido separada, pero lo vemos desde la perspectiva de los dos hijos de esa pareja que ha sido separada por motivos que podemos suponer (adicción al juego del padre, descuido) pero nunca se explicitan. Estos dos hermanos viven ahora separados por ciudades que quedan kilómetros lejos la una de la otra, uno vive en Osaka con su padre, un músico indie, y el otro vive junto a un volcán que llena de ceniza su casa todas las mañanas, junto a su madre. El que vive con su madre quiere que vuelvan a vivir juntos, sin importar qué es lo que pase, llegando a desear que el volcán entre en erupción cosa que tengan que escapar y volver a Osaka. Sin embargo, su hermano parece no estar tan interesado en eso, pues está teniendo nuevos amigos que son muy geniales, entre ellos la hija de una actriz.
Sin embargo, todo esto se revela y da un vuelco cuando se anuncia que el tren bala va a unir a los dos pueblos donde viven, pero no están interesados especialmente en verse, sino en la magia misma que exhude el evento. Se supone que la primera vez que los trenes bala viajen y se crucen (uno de ida y otro de vuelta) habrá tanta energía que se cumplirán todos los deseos que se digan justo en ese momento (si gritas lo suficiente y te paras en el lugar adecuado). Obviamente los niños deciden ir y cada uno pedir su deseo.
El problema es que conocer los problemas y cosas personales que les ocurre a estos (en su mayoría) simpáticos niños, nos hace pensar directamente qué es lo que va a pasar con ellos, es decir, todo se torna un tanto predecible. Una amiga del hermano que vive en Osaka quiere dibujar bien sin necesidad de esforzarse, y suponemos que cuando pida su deseo, volverá y empezará a dibujar, y como empezará a dibujar, mejorará y empezará a dibujar bien. O la hija de la actriz, que quiere ser una actriz, pero sólo depende de lo que le diga a su madre, y cuando hace su deseo sabemos que volverá y le dirá a su madre que quiere ser actriz, aunque ella se niegue.
Pero luego conocemos el deseo de nuestro protagonista: que explote el volcán. Sabemos que eso no puede ser posible en un drama japonés de bajo presupuesto, así que sabemos de antemano que el deseo de nuestro personaje principal NO se va a cumplir, por lo que le da a toda la misión de estos personajes un carácter derrotista. Es obvio que él quiere tener a su familia junta de nuevo, y le gusta mucho volver a ver a su hermano, pero creo que la película hubiera sido mucho más emocional y más enganchante si de verdad le gustara y hubiera una espera por ver al hermano después de seis meses de separación. Sin embargo, nos entretenemos con la forma en que consiguen dinero, o en la forma en que los adorables niños formulan sus deseos (esta parte siendo la más similar al estilo de Koreeda, como si él mismo les preguntara a los niños, en forma documental, cuáles son sus deseos más profundos).
La cuestión es que el estilo de Koreeda se asoma apenas a veces en una historia que finalmente puede dictarse de "correcta" y "entretenida", pero que le falta toda la fuerza emocional y casi desgarradora a veces que tenía en películas, que también contaban con la participación de niños, como "Nobody Knows" (2004). Aquí tenemos, sin embargo, un trabajo actoral con los mismos que resulta notable y aunque no al nivel de la cinta anterior, sí a un nivel muy alto. Es difícil trabajar con niños, pero Koreeda ha podido hacer una excelente carrera de algo tan difícil como hacer naturales a niños que en su edad sólo quieren brillar y sobreactuar.
La recomiendo para aquellos que quieren ver algo simple y familiar. Pero sin embargo, no recomiendo todo lo que tuve que pasar yo (mucho tiempo esperando) para poder verla. Si la tiene a mano y un par de horas para quemar, puedo decir que puede que no se arrepienta.
7/10