lunes, 3 de enero de 2011

Pinocchio (1940)

Hilos, por Jaime Grijalba.

I've got no strings
To hold me down
To make me fret, or make me frown
I had strings
But now I'm free
There are no strings on me
Hi-ho the me-ri-o
That's the only way to go
I want the world to know
Nothing ever worries me
Hi-ho the me-ri-o
I'm as happy as can be
I want the world to know
Nothing ever worries me
I've got no strings
So I have fun
I'm not tied up to anyone
They've got strings
But you can see
There are no strings on me

Esta debe ser mi canción favorita de toda la película, una que yo me sigo diciendo que nunca había visto, pero que con cada minuto que pasaba sentía que conocía casi como de memoria. No sé si de verdad la he visto o simplemente habré leído un libro de cuentos que detallaba cada uno de los eventos, pero esa familiaridad también me hizo sentir que Disney tiene una cierta habilidad y a la vez una desventaja a la hora de crear sus historias, aunque sean basadas en obras escritas ya existentes.
Ok, tenemos que Pinocho vuelve a la vida gracias a un deseo de Gepetto, quien se alegra y al día siguiente lo manda a la escuela para no verlo nunca más hasta que se mete dentro de una ballena. Consideras a un muñeco como un hijo, vivo y hablante, ¿tal era la desesperación de este hacedor de marionetas por tener un hijo que no pudo haber descartado tal evento como una circunstancia de posible demencia senil? Claro que es un cuento de hadas, pero no burlarse de la escasa lógica que presentan los primeros largometrajes Disney es casi imposible para mí.
Cuando vi la película me di cuenta de lo corta que era y de lo rápido que ocurrían los eventos, muchas veces quedándose muy poco en elementos interesantes, y por otro lado, alargando secuencias que lo único que demostraban era: estamos animando esto en el 1940, mira los colores, mira los movimientos, mira lo bonito que nos ha quedado. Por ejemplo, la escena de la nariz se construye de bella manera, pero no es vuelta a utilizar, mientras que la escena bajo el agua es larga y larga, no dice nada nuevo y se queda en una demostración visual.
Curioso que me guste la canción más irónica de toda la película, Pinocho canta que se mueve sin tener hilos que lo aten, puede moverse donde quiera, sin embargo, los hilos los tiene la película sobre quien visualiza, llegando a los momentos en que pareces sentir cómo los hilos sobre tus ojos te obligan a emocionarte ante la posible muerte de una marioneta, que tal vez nunca ha estado realmente viva (que no se haya ahogado bajo el agua es una pista muy clara).
8/10