miércoles, 18 de junio de 2008

Miércoles de Cuentos: Un espacio común, realidades distintas, épocas distintas, una sola identidad


Sí, es largo, no es como los otros, era para otro ramo. Se suponía que hoy iba el cuento en el que la protagonista es una mujer que comenta mucho por estos lares, pero no se verá hasta que haga el examen del ramo, por que se me olvidó ir a buscarlo.

Así que este trabajo y uno más pa la próxima semana.


Desde sus inicios, en el año 1870, el Club Hípico de Santiago ha reunido a chilenos de diversas edades y estratos sociales. A través de su larga historia se pueden vislumbrar algunos aspectos de la sociedad típica chilena.
En sus comienzos, el Club Hípico albergaba a los miembros más selectos de la sociedad. Estas personas disfrutaban de las carreras de caballos sentados en las primeras tribunas, en ese entonces, de madera y cristal.
El edificio que ahora se ve, fue inaugurado en el año 1923. Con la nueva fachada, también gente diferente empezó a llegar, pues se volvió uno de los lugares más importantes de Santiago.
Hoy en día, al entrar al Club Hípico, especialmente los días domingo, los llamados “Domingos Familiares”, se puede ver un ambiente distinto. Distinto a la imagen que cualquiera podría llegar a formarse si no ha ido antes allí.
Desde la entrada se puede ver que este lugar ya no es exclusivo de los miembros más selectos. Fragmentos de “reguetón” y cumbia se pueden oír, mientras niños y algunos adultos se bañan en la imponente fuente de mármol.
“...a veces vengo con mi familia...”, dice uno de los apostadores profesionales, mientras mantiene su vista fija en la carrera. Él viene de Recoleta, cerca del Hipódromo Chile, pero prefiere este lugar. La mayoría de los que juegan pierden y, pese a esto, siguen apostando, pues lo importante es, como dicen ellos mismos: “...el deporte...”.
Un niño va a las casetas y apuesta mil pesos; la mujer en la caja le pregunta con quién viene. Otros niños corren y juegan cerca de la pista, sin importarles si sus padres han ganado o perdido. Un olor a cerveza llena el ambiente, pero a nadie parece importarle.
“La fauna hípica: gente alcoholizada, caballos que se escapan, peleas...”, comenta un trabajador de ahí, mientras se ocupa de cerrar las puertas. Son esta clase de personas y personajes los que le dan vida a un lugar como es el Club Hípico, un retrato de la Sociedad Chilena.


Nota: 6.0, sí estaba decente...