miércoles, 28 de octubre de 2009

Miércoles de Cuentos: Noche de Tormenta


No es un cuento, es un Canovaccio, una especie de obra de teatro donde prima la improvisación, es largo, así que cuidado. Más abajo hay un obituario y la película de terror del día. Hablando de terror, este Canovaccio es adhoc al mes que estamos viviendo y fue inspirado por él.

Noche de Tormenta
Personajes:
Juan – Enamoratto
Luisa – Enamoratta
Igor – Pulcinella
Dr. Frankenstein – Dottore
Drácula – Pantalone
Raines – Capitano
Monstruo de Frankenstein – Pedrolino

Escena I
Llueve y es de noche. Relámpagos cruzan el cielo, iluminándolo a intervalos irregulares, mostrando las nubes grises. Se puede ver un camino de tierra, ahora de lodo, que pasa entremedio de un bosque de álamos raquíticos. A un lado del camino, como saliendo del bosque se puede ver un castillo de piedra, como sacado de una película de la Universal en los años 30: tiene torres, ventanas circulares, pararrayos, escaleras de entrada, telarañas y mucho polvo.
A lo lejos, por el camino, avanza lentamente un auto escarabajo casi sin color, completamente machacado por los lados. Da saltos en el camino y empieza a echar humo por el capó, se detiene el motor al lado del castillo.
Del auto sale rápidamente Juan (22, delgado, enamoratto), con un paraguas. Camina lentamente por el lodo, levantando alto las piernas para evitar hundirse en él, va en dirección a la otra puerta del auto. En el camino, una de sus piernas se atasca y con gran aspaviento se cae al lodo de cara.
De la otra puerta sale Luisa (21, enamoratta), que se saca sus zapatos de taco alto y camina con cuidado en dirección a Juan. Le toma el brazo y trata de levantarlo, cuando ya está medio levantado, Luisa cae de espaldas al lodo y Juan cae de nuevo de cara al lodo. Luisa se levanta rápidamente y trata de limpiarse la parte trasera de su falda y chaqueta, mientras Juan lucha por salir del lodo, agitando sus brazos, burbujas de aire empiezan a salir de donde está hundida su cabeza.
Luisa da un pequeño grito al ver a Juan ahogándose, se arremanga la chaqueta que está usando y tira de uno de los brazos de Juan que se agitan, sólo logrando arrastrarlo por el camino por unos dos metros, sin lograr sacarlo de debajo del lodo. Con un último esfuerzo, Luisa tira con todas sus fuerzas y logra ponerlo en pie, un trueno cruza el cielo mientras se descubre la cara de Juan completamente cubierta de lodo, Luisa grita y lo empuja, asustada, él también grita mientras cae de nuevo al lodo, esta vez de espalda.
Luisa sube las escaleras de piedra del castillo y se acerca a una gran puerta de madera con una aldaba de hierro. Ella usa la última para llamar tres veces a la puerta, que hace un sonido muy fuerte que hace eco dentro del castillo. Juan, por su parte, se levanta del lodo y se limpia la cara, se mira toda su ropa, completamente embarrada y se acerca a la escalera para subirla.
Luisa pone ambos brazos sobre su cabeza mientras espera que se abra la puerta, cuando escucha a Juan subir la escalera se da vuelta. A sus espaldas se abre la puerta y en el dintel aparece Igor (Pulcinella, jorobado, deforme), que mira en dirección a la falda de Luisa, completamente sucia. Luisa ayuda a subir las escaleras a Juan, mientras le explica que se asustó al ver su cara con lodo, que era como si no lo hubiera reconocido.
Juan levanta su vista y se encuentra con la cara de Igor, que sigue mirando fijamente la falda de Luisa. Juan grita y se tapa la cara, evitando mirar al jorobado. Luisa se da vuelta y le sonríe a Igor, preguntándole si pueden pasar la noche en este lugar a causa de la lluvia, este último ha levantado rápidamente la vista para mirarla de lado. Igor sonríe mostrando unos dientes completamente chuecos y desordenados, y les dice que entren.
Luisa entra rápidamente, sacudiéndose las gotas de agua de su pelo. Juan se queda atrás, levanta los brazos y mira fijamente la puerta. El brazo de Igor sale de la puerta y arrastra adentro a Juan, quien grita. La puerta se cierra ruidosamente a la vez que otro trueno cruza el cielo.
Escena II
Una enorme escalera de piedra domina la entrada del castillo, las telarañas y el polvo lo cubren todo, tanto los peldaños como las cortinas que cubren las espaciosas ventanas que se encuentran a la cabeza de la escalera, todo se encuentra iluminado por dos bombillas, una al pie y la otra a la cabeza de la escalera. Igor entra renqueando, usando su brazo para dirigir a Luisa y Juan al interior. Juan mira en todas direcciones con sus brazos recogidos, mientras trata de sacudirse el barro de algunas partes de su traje.
Igor se detiene al pie de la escalera y se da vuelta, enfrentando a las visitas. Dice que debe recoger sus prendas sucias, mientras se soba las manos una con la otra y pasa su lengua por sus chuecos dientes. Lazzo: Igor persigue a Luisa, tratando de sacarle la falda y chaqueta, que están sucias por detrás, ella ríe y corre alrededor de la escalera. Juan persigue a su vez a Igor, apuntando su ropa y tratando de despegarla de sí, diciéndole que está más sucia la de él.
Están todos corriendo unos detrás de otros hasta que el sonido de un rasguito de cortinas los detiene. Vuelven la mirada a la escalera, en cuyo descanso se encuentra Dr. Frankenstein (Dottore, canoso, alto y delgado). Él llama con voz fuerte a Igor, quien se dirige cojeando y moviéndose de un lado a otro exageradamente, como un perro herido, a su lado. Frankenstein mira a sus visitas y empieza a bajar lentamente las escaleras, presentándose a la vez que hace florituras con su mano derecha.
Cuando llega al pie de la escalera se acerca a Luisa y le besa la mano, mirándola fijamente a los ojos les pide disculpas por la actitud de su sirviente, que no sabe comportarse con la gente. Igor desde lejos gime y corre hacia el pasillo izquierdo desde el descanso de la escalera, llorando desconsolado. Frankenstein pone los ojos en blanco e invita a Luisa a secarse su ropa mojada, ella agradece la atención con una pequeña reverencia y, tomados de la mano, se meten a la habitación a la derecha de la entrada.
Juan mira con los ojos y boca abiertas cómo Frankenstein se lleva a Luisa a la otra habitación. Se queda solo frente a la luz de la bombilla eléctrica, la cual se apaga de un momento a otro. Juan empieza a tiritar violentamente y un aullido de lobo lo hace mirar de un lado a otro antes de irse por la misma puerta que han ido los otros dos.
Escena III
Una enorme chimenea de rocas está encendida, trozos de madera de enorme tamaño se acumulan en la fosa. Luisa está poniendo sus manos cerca del fuego, mientras conversa con el Doctor, quien se encuentra cerca del fondo de la sala, apoyado en un librero, con un libro en la mano. Conversan acerca de cómo él es un calmado hombre de ciencia, consciente de la naturaleza y benevolente. La sala tiene tanto colgado en las paredes como en estantes y pedestales distintos artefactos atribuibles a distintas profesiones, desde médico a geomensor.
Juan entra tempestivamente, abriendo de par en par la puerta de entrada. Tanto Luisa como el Doctor lo miran, él acomoda un poco su camisa y se dirige hacia la chimenea, donde se saca su sucia chaqueta y empieza a secarla mientras la sacude de barro. El Doctor llama a Luisa para que se acerque, ella se aleja rápidamente de Juan, quien sigue secándose.
El Doctor empieza a contarle a Luisa de sus credenciales académicas y profesionales, mientras le toma la mano y la dirige por la habitación. Lazzo: El Doctor le muestra a Luisa algunos de los objetos que están en las paredes, asociándolos a distintas profesiones, que él supuestamente practica, ya sea manipulándolos de manera ridícula o incorrecta, o rompiéndolos al tratar de usarlos. Cuando le habla a Luisa de una nueva profesión, ella lo mira directamente a los ojos, pero al fallar, baja la mirada y busca otro lugar al que ver, que con el tiempo termina siendo la chimenea. El Doctor empieza a sudar cuando ve que su afán de conquista sale truncado y al tomar un simple sacacorchos y dejarlo caer sobre su pie, ella se aleja de él y se acerca a Juan, que se está terminando de secar.
Luisa abraza a Juan, quien da un pequeño salto y la abraza de vuelta. Frankenstein mira la escena y, una vez con el sacacorchos fuera de su zapato, empieza a pisar y patear los trozos de los objetos y artefactos rotos, haciendo un estruendo. Luisa y Juan lo miran, callados y abrazados, con la boca abierta. El doctor, al darse vuelta y mirarlos, detiene su furia y sonríe ampliamente, explicando que lo que sucede no es más que un pequeño exabrupto en su conducta comúnmente calmada y normal, Luisa y Juan sólo se miran un segundo.
Frankenstein, refunfuñando, se dirige hacia la chimenea. Juan y Luisa se alejan al unísono, aún abrazados, como si ya no pudieran separarse. El doctor tira suavemente de un cordel que cuelga al lado de la chimenea, a lo cual suenan los primeros acordes de la obertura del fantasma de la opera, pero con campanas. El doctor mira a un lado y a otro, Luisa y Juan se separan un poco y empiezan a mirar alrededor.
Con un poco más de fuerza, el doctor tira de la cuerda y vuelve a sonar la música. El silencio que viene después empieza a delatar la presencia de grillos, saltamontes y moscas cerca de ellos. Juan empieza a silbar y mirar alrededor con más rapidez, Luisa empieza a marcar el ritmo de los segundos con el golpe del taco de su zapato contra el suelo de piedra. El doctor, ya sudando y con la cara completamente roja tira con gran fuerza de la cuerda, la cual se rasga y cae, junto con un polvillo y finalmente un gran trozo de techo que cae sobre la cabeza del doctor y se rompe en dos. Luisa y Juan empiezan a caminar hacia atrás, sólo para tropezar con Igor, que está atrás de ellos con un candelabro en la mano, Juan grita sorprendido. Igor pregunta si lo llamaba el amo y, al ver al doctor bajo el trozo de techo, se empieza a reír, mostrando todos sus chuecos dientes.
El doctor empieza a despertar, abriendo los ojos de manera desmesurada, moviendo su cabeza en círculos. Mientras se sacude el polvo y se saca de encima los trozos de roca canta una canción desafinadamente, como si estuviera ebrio. Al ver a Igor, lanza un grito muy fuerte y se empieza a acercar a él con una mano en alto y la cara completamente trastornada, pero levanta la vista y mira a sus invitados, por lo que baja la mano y empieza a reír gravemente. Le palmea la joroba a Igor, que grita al recibir el golpe, y bromea con la situación. Le pide a Igor que lleve a los dos visitantes a sus habitaciones. Igor asiente y, renqueando, los lleva a la puerta de salida.
Cuando Juan y Luisa salen del lugar, el doctor mira a un lado y a otro. Luego de asentir un momento, se acerca lentamente a uno de los libreros que están apoyados en las paredes de la sala. Lazzo: Mirando a otra dirección, Frankenstein saca uno de los libros del librero y avanza hacia él, sólo logrando chocar de narices contra el mueble, botando gran cantidad de libros. Se soba rápidamente la nariz y vuelve a repetir la acción, volviendo a golpearse la nariz. Rápidamente empieza a sacar todos los libros, de a varios, tratando de encontrar el correcto, los patea y los rompe sin dudar un momento. Finalmente cae al suelo sobre un colchón de hojas y tapas de libros.
Entonces, Frankenstein se levanta, va al estante del lado, saca un libro y la pared detrás del mueble se abre. Por la apertura, pasa el doctor, no sin antes botar todos los libros del estante nuevo.
Escena IV
Oscuridad. Un relámpago ilumina una habitación pequeña con una ventana con cortinas, una cama de una plaza con dosel de madera y un estante con espejo. La puerta de entrada a la habitación se abre y por ella entran Igor con el candelabro y Luisa. Igor prende una bombilla eléctrica, apunta la cama y empuja a Luisa desde atrás hacia ella, pero debido a su baja estatura, le está tocando el trasero al hacerlo. Ella se resiste a entrar y llama a Juan. Juan entra.
Lazzo: Igor empuja hacia la cama a Luisa, pero si se acerca Juan a la cama, Igor lo empujará de vuelta a la puerta, pero a la vez Luisa tratará de ir a la puerta, por lo que la empujará a la cama, lo cual a su vez hará que Juan vuelva a acercarse a la cama e Igor tendrá que volver a empujarlo a la puerta. Igor con el tiempo empieza a sudar, a agitarse visiblemente, para luego caer al piso, respirando hondamente. En ese momento, tanto Luisa como Juan caminan a las direcciones que ellos querían, Juan sentándose en la cama y Luisa yéndose por la puerta. Igor se levanta rápidamente y se va, sin antes cerrar la puerta.
Juan se para de la cama y corre hacia la puerta, tratando de abrirla, pero está cerrada. Grita y grita, hasta que de repente se corta la luz de la ampolleta. Juan corre hacia su cama, usando los breves intervalos de luminosidad que dan los relámpagos al caer.
Juan levanta las ropas de la cama y se acuesta bajo ellas, tiritando visiblemente, mientras empieza a rezar en voz alta y decir repetidamente el nombre de Luisa. Se empieza a escuchar un chillido agudo constante, por lo que Juan alza la voz.
De un momento a otro, la luz vuelve y Juan se destapa. En la habitación ya no está solo, parado frente al estante con espejo, en el cual no se refleja nada, está Drácula (Pantalone, pálido, extremadamente viejo, usa una capa raída). Juan, inmediatamente vuelve a esconderse bajo la ropa de la cama. Drácula sonríe y se introduce, tiene un acento búlgaro muy marcado.
Drácula se acerca con pasos suaves hacia la cama, abriendo la boca groseramente mientras lanza un sonido gutural y asoma unos colmillos blancos. Abre las ropas de la cama y, al ver a Juan, los colmillos caen de su boca al suelo. Juan se para y se apoya contra la pared mientras mira cómo Drácula busca sus dientes en el suelo. Drácula explica que él había pensado que Juan era una joven mujer, por la forma en que chillaba, por lo que se le cayeron los dientes al verlo, pues él no les chupa la sangre a los hombres.
Juan tiene la cara descompuesta, suda abundantemente y se aferra con fuerza contra la pared. Drácula de nuevo está de pie y comienza a hablar sobre cómo este era su castillo y el doctor Frankenstein lo había comprado después de que parecía haber muerto, pero era sólo una de sus múltiples batallas con Helsing. Lazzo: Mientras explica estas cosas a Juan, Drácula empieza a revisar debajo de la cama, detrás de las cortinas, dentro de los cajones y en el estante, de los cuales empieza a sacar toda clase de objetos, que trata de guardar disimuladamente tras su capa, pero hacen un ruido estruendoso, que le impide continuar hablando, una vez terminado su discurso, tiene los bolsillos enormemente abultados, los cuales terminan por romperse. Las cosas: bacinicas, collares, peines, candelabros, ampolletas, platos, diapasones, botellas vacías y llenas de vino, vasos de vidrio, carretes de hilo, costureras, etcétera, caen al suelo con gran estrépito. Drácula, rápidamente, trata de recoger las cosas y volver a ponerlas en sus bolsillos, sólo para que vuelvan a caer.
Juan empieza a acercarse lentamente a Drácula, esquivando los objetos que caen y los que están tirados en el suelo, para poner su mano sobre el hombro agitado del vampiro. Este se detiene y empieza a sacudir su ropa, toda empolvada, y trata de alejarse de los objetos en el suelo, dirigiéndose a la puerta de salida. Drácula saca del bolsillo de su camisa un manojo de llaves, de las cuales separa una y abre la puerta.
Antes de irse, Juan le ofrece a Drácula conversar y buscar una solución a su problema con una copa de vino. Drácula contesta que él nunca bebe... vino, alejándose por la puerta abierta, con la cabeza en alto y los ojos llorosos. Una vez que ha pasado un rato, Juan evita nuevamente pisar las cosas del suelo se acerca a la puerta y se va, gritando el nombre de Luisa.
Escena V
La puerta de una habitación muy parecida a la de Juan se abre. En ella entra Igor, quien prende la luz, y Luisa, llevada con fuerza y empujada hacia adentro. Antes de que ella pueda reaccionar, Igor ha salido y cerrado la puerta. Cuando Luisa se da vuelta para enfrentar la puerta, se encuentra apoyado en ella a Raines (Capitano, siempre lleva una botella negra en su bolsillo y una pequeña bolsa colgada de su cuello, tiene un florete en el cinto) que se acerca a Luisa, le toma la mano y se la besa, para luego presentarse.
Ella sonríe, pero le pregunta de inmediato qué es lo que hace dentro de su pieza. Alejándose un momento de ella, Raines empieza a explicar que él estaba en la habitación y parece que Igor se había olvidado que estaba ahí. Luisa, sonríe más abiertamente y se acerca a él, preguntándole qué hace en el castillo Frankenstein.
Raines comienza a contarle cómo es su amistad con el doctor, así como su tiempo en la armada, le cuenta todas sus hazañas en guerras múltiples en lugares del mundo de los cuales ella nunca ha escuchado hablar. Luisa empieza a morderse el labio inferior mientras mira la esbelta figura de Raines cuando cuenta sus matanzas, haciendo la mímica con el florete, sin sacarlo. Ella se acerca un poco a él, quien a su vez se acerca a ella en medio de la habitación.
Lazzo: Raines toma de las manos a Luisa y empiezan a danzar lentamente. Cuando se van a abrazar y bailar más juntos, el florete de Raines gira y se levanta en su cinto, subiendo un poco la falda de Luisa. Ella la baja rápidamente mientras ríe y Raines se aleja un poco, para bajar el florete. Vuelven a danzar, y vuelve a ocurrir, pero esta vez ella se ríe más fuerte. Raines baja el florete una vez más. Cuando se acercan a danzar sucede otra vez, ahora Luisa no puede negar su excitación, cuando levanta un poco más su falda antes de bajarla, Raines pasa su lengua por sus dientes y vuelve a bajar su florete, asintiendo para sí. Cuando se acercan a bailar otra vez, el florete no se levanta. Él golpea su cinto, trata de levantarlo sin lograrlo, ella lo mira con cara triste y se aleja de él. Enojado, Raines toma el florete y lo tira al piso. Pero lo recoge casi de inmediato y lo acaricia antes de ponerlo nuevamente en su cinto.
Raines se acerca a Luisa, pero ella se da vuelta y le da la espalda. Entonces, se escucha un estruendo enorme, el sonido de las cosas que caen en la habitación de Juan. Raines pega un salto, toma un trago de su botella y desaparece. Cuando Luisa se da vuelta por el sonido, Raines ya no está. Ella mira alrededor, tratando de encontrarlo.
Se escuchan pasos y finalmente vuelve a aparecer detrás de ella, mientras se acomoda la bolsa que lleva al cuello. Raines le dice que se tranquilice, pero Luisa pega un salto y se da vuelta, preguntándole dónde estaba. Raines no responde y se acerca a ella para abrazarla y tranquilizarla, diciéndole que no se preocupe por el ruido, que no es nada, que él la protegerá de lo que sea que haya.
Luisa lo mira directamente a los ojos y se van a dar un beso, pero se empiezan a escuchar pasos que se acercan a la habitación. Se separan violentamente y ella le pide a Raines que la cuide, que la proteja. Raines saca su florete, el cual no puede levantarse y se pone frente a la puerta, empieza a tiritar claramente cada vez que se sienten más y más cerca los pasos.
Lazzo: Raines saca su botella del cinto y se la acerca a la boca cada vez que suena un paso cerca de la puerta, pero luego mira a Luisa y baja la botella. Cuando los pasos se detienen, Raines empieza a tiritar tan fuerte que empieza a salpicar el líquido que hay dentro de la botella por el suelo y su ropa. Al empezar un sonido de llaves en la puerta, Raines está temblando tan fuerte que chorros del líquido caen sobre su ropa, la cual empieza a desaparecer paulatinamente, Raines trata de taparse de cualquier manera con las ropas que le van quedando aún visibles. Luisa ya se ha tapado los ojos y no ve nada. Raines queda con los calzoncillos y su florete, cuando se abre la puerta, este toma la botella y se manda un trago que lo vuelve invisible.
Por la puerta entra Drácula, que mira adentro con los ojos muy abiertos al descubrir a Luisa. Se acerca lentamente a ella con la boca abierta y sus colmillos asomando, tras de sí arrastra un enorme saco que suena con la cantidad de objetos de metal que tiene dentro, de los cuales asoman candelabros, algunos cuadros y floreros.
Cuando ya está a mitad de camino, mira el estante de la habitación y comienza a echar adentro de su saco todo lo que encuentra, haciendo sonidos molestos al chocar con las otras cosas que hay dentro. Luisa abre sus ojos y mira a Drácula, fijamente, mientras mete los objetos al saco.
Lazzo: Ya ha desvalijado el lugar y, cuando Drácula se dirige nuevamente hacia Luisa, no puede avanzar. El saco está demasiado lleno y no puede levantarlo. Se escupe ambas manos y luego de restregarlas entre sí trata de levantarlo, pero no puede, pese a usar todas sus fuerzas. Mira a Luisa y empieza a abrir su boca, pero luego mira su saco. Lo abre y empieza a revisarlo, sacando cuerdas, carritos, ruedas, cosas para poder levantarlo, pero todas fallan. Vuelve a mirar a Luisa, para volver a su saco, que empieza a revisar con mucho cuidado, cuando está decidido a botar algo, lo vuelve a mirar y lo guarda, así con muchas cosas aparentemente inútiles.
Juan entra por la puerta y mira el espectáculo que realiza Drácula. Se acerca, por el lado, a Luisa y la abraza. Comienzan a pararse lentamente, pero justo al lado de ellos aparece Raines. Con el florete en alto otra vez, Raines amenaza a Juan, quien grita al ver la aparición repentina del hombre invisible y se tapa los ojos.
Lazzo: Raines toma de la mano a Luisa y empieza a tirarla hacia la salida, cuando ya están a la mitad de la estancia, Drácula toma el otro brazo de ella, pero apretando entre sus piernas el saco llena de las cosas. El hombre invisible, al ver que Drácula lucha, la suelta, provocando que Luisa pase de largo y caiga sobre la cama, mientras Drácula cae sobre su saco, el cual se rompe y empieza a vaciarse rápidamente. El vampiro trata desesperadamente de tomar sus cosas mientras salen a gran velocidad. Luisa se para y es llevada por Juan a la salida, pero Raines está ahí, listo para luchar por ella, tomándole el otro brazo y tirando de ella. Durante todo este momento, Luisa ha estado riendo, como si le estuvieran haciendo cosquillas.
Escena VI
Un relámpago color azul cruza un ventanal en forma diagonal, iluminando un laboratorio. Tiene una mesa al medio, donde hay un bulto encima, del porte de un hombre, cubierto por una sábana. En las mesas que están apoyadas en las paredes hay frascos, botellas humeantes, aparatos largos que lanzan pequeños haces de electricidad al aire, bolas magnéticas, etcétera. También hay gabinetes, desde los cuales se asoman manchas de sangre y frascos con trozos de seres humanos y animales dentro, flotando en formol.
Por una puerta que hay en la oscuridad del fondo del laboratorio, entra el doctor Frankenstein, que enciende la luz con un interruptor, prendiéndose una ampolleta encima de la mesa de operación que está al centro del lugar. Empieza a ponerse unos guantes de hule que están encima de una mesa, mientras empieza a refunfuñar y a decir que Luisa pagaría por lo que había hecho con él. Luego, se pone una mascarilla, pero los guantes están en manos cambiadas y la mascarilla termina tapándole los ojos.
Lazzo: El doctor Frankenstein, cegado, empieza a caminar, tropezando con la mesa, los estantes, botando frascos con formol, resbalando, pero nunca cayendo al suelo. Se apoya en las mesas, botando los artefactos eléctricos, electrocutándose brevemente con varios de ellos. Finalmente, apoyado en la pared, recibe un trueno de lleno en su cuerpo, tirándolo finalmente al suelo.
Por la puerta, entra Igor, quien ve al doctor en el suelo, chamuscado y tirando humo por su ropa. Se acerca rápidamente a él y trata de reanimarlo, sacudiéndolo vigorosamente, sacándole de la cara la chamuscada mascarilla. El doctor despierta repentinamente y mira directamente a Igor, que empieza a alejarse, pero no alcanza a escapar de que el doctor lo tome de la joroba y lo lance hacia el otro lado de la habitación, donde choca con los frascos y estantes, rompiéndolos.
El doctor se para, como si no hubiera ocurrido nada, pero tiene el pelo levantado, así como la cara con manchas negras, así como su ropa. Toma del suelo un delantal médico y se lo pone, para esconder su ropa chamuscada. Se acerca a la mesa del centro y la endereza, dejándola recta ante la apertura de arriba, desde donde deben caer los truenos. Empieza a sonar los perdones y disculpas de Igor, mientras se levanta del estropicio que ha hecho.
Frankenstein mira arriba y llama a Igor, quien se acerca lentamente, poniendo sus brazos alrededor de su rostro, para protegerse. El doctor le pide que vea cuándo va a empezar la verdadera tormenta. Igor saca un trozo de papel de su bolsillo y dice que en cualquier minuto.
Lazzo: Frankenstein mueve la mesa alrededor de la habitación, esperando que choque un trueno contra ella. Igor le sigue detrás. Los truenos caen uno tras otro en distintos lugares de la habitación, lejos de ellos, donde luego se mueven. Igor trata de advertir que los truenos nunca caen dos veces en el mismo lugar, pero el doctor lo ignora, hasta el momento en que, exactamente en el mismo lugar donde cayó el primer trueno, se pone el doctor y cae un trueno sobre él. La electricidad se canaliza a través de la mesa, electrocutando el bulto que hay bajo la sábana, pero también haciendo temblar y gritar al doctor.
El doctor cae una vez más al suelo, pero ahora una mano se asoma desde debajo de la sabana, la cual él toma y grita que está vivo, está vivo, lo grita muy fuerte hasta que detrás de él nota que le tocan el hombro.
Detrás de él se encuentra el Monstruo de Frankenstein (Pedrolino, de piel verde, delgado y ojos azules, está hecho de partes de cadáveres cosidas unas a las otras), que pide con una voz muy suave que suelte su mano. El doctor la suelta y lo mira con los ojos extremadamente abiertos y una sonrisa que muestra todo los dientes. Con un grito le ordena que baje y le traiga a una mujer, que mate a cualquiera que trate de quitársela.
El monstruo mira a Frankenstein fijamente y luego pregunta por qué es necesario matar a alguien, que si quería una mujer por qué no salía del castillo a buscarla, con algún ramo de flores o chocolates para conquistarlas. El doctor mira fijamente a Igor, que se esconde tras los múltiples escombros del lugar, le reprocha qué clase de cerebro le ha traído. Igor aduce que él no lo trajo, que era el que el amo tenía guardado. Frankenstein, el doctor, se toma su rostro entre las manos y se dice que debió haber confundido el cerebro del clérigo con el de la enfermera más buena del mundo, él quería un asesino, alguien que pudiera obedecer sus órdenes de inmediato.
Lazzo: El doctor Frankenstein e Igor tratan de educar al monstruo de Frankenstein. Le entregan un cuchillo, el monstruo se acerca a la pared y hace un dibujo en ella con el cuchillo, unas flores, le quitan el cuchillo rápidamente. Igor enciende una antorcha, pasándosela al monstruo, quien la toma y enciende unas velas en un candelabro y prepara una mesa para una cena romántica con gran rapidez, el doctor bota la mesa, rompiendo todo lo que hay encima, el monstruo sólo lo mira. Le pasan una gran viga de madera al monstruo, el cual con diligencia lo clava nuevamente en el techo. El doctor Frankenstein le pasa unas pequeñas bolas de hierro de gran peso y le pide que rompa la pared con ellas, en vez de eso, el monstruo empieza a hacer malabares con ellas y a cantar una canción. Igor le pasa al monstruo un cilindro metálico y le pide que lo aplaste, lo cual el monstruo hace, pero luego de un ademán de manos, hace aparecer un ramo de flores que empieza a oler. El doctor le quita las flores y las tira al suelo, pisándolas y saltando sobre ellas, las apunta con su dedo y mira al monstruo, el cual las recoge, las limpia un poco, toma el cuchillo y las empieza a cortar por la mitad. Las caras del doctor e Igor se llenan de alegría al ver la acción del monstruo, pero se tornan agresivas al ver que las acorta para ponerlas en el bolsillo de su camisa.
El doctor Frankenstein llora desesperado, Igor trata de consolar a su amo, palmeándole la espalda. De pronto, se escucha el sonido de gritos y una risa de mujer. El monstruo de Frankenstein mueve su rostro en dirección a la puerta y camina hacia ella. El doctor e Igor se toman de las piernas del monstruo y son arrastrados por su movimiento mientras gritan desesperados.
Escena VII
Es la entrada del castillo, con las escaleras y las puertas de salida. Ahí están Drácula, con su mano en alto y empuñada, mirando fijamente a Luisa, que está riendo a carcajadas mientras es llevada por Juan, que está tratando de llegar a la salida, pero choca antes de llegar con Raines, que aparece de pronto frente a él y toma a Luisa. Al tratar de volver, se encuentra con Drácula, que se dirige hacia él, por lo que suelta a Luisa y toma de su botella, despareciendo. Drácula se acerca lentamente a Luisa, pero un ruido de madera rompiéndose interrumpe todos los movimientos, todos los rostros dirigiéndose a las escaleras.
Por las escaleras baja el monstruo de Frankenstein, arrastrando tras de sí al doctor Frankenstein y a Igor. Juan grita al ver al monstruo y trata de tomar a Luisa, pero ella mira fijamente al monstruo y va a su encuentro. Ella sigue riendo, pero más suavemente, el monstruo empieza a reír también un poco. El doctor e Igor miran con la boca abierta la escena que se forma ante ellos.
Lazzo: Al ver a Luisa, Drácula, Raines y Juan empiezan a subir por la escalera. Unos a otros empiezan a evitar que lleguen donde Luisa, Raines se vuelve invisible, pero Juan se tira encima de él y lo derriba. Drácula corre rápido, pero Juan, con dificultad, mueve el saco de Drácula y lo aleja, provocando que el vampiro se devuelva a recuperarlo, mientras Juan sigue subiendo, pero es derribado por Raines, invisible. Drácula se dirige especialmente a Raines, visible, quien al ver a Drácula se siente hipnotizado, saca su florete y empieza a golpearse con él en la cara. Juan siente sus pies pesados mientras ve cómo se acerca el vampiro, grita de pavor y cae de la escalera. Drácula se acerca peligrosamente a Luisa, pero es atravesado por el florete de Raines, enojado el vampiro mira tras de sí y lo persigue, el hombre invisible corriendo.
Mientras el alboroto sigue bajo sus pies, Luisa toma la mano del monstruo de Frankenstein y, lentamente, comienzan a subir las escaleras. Toda lucha se detiene, todos miran cómo suben los dos las escaleras para luego desparecer tras una puerta.
Los rostros de los hombres que quedan atrás muestran los ojos encendidos y las bocas grotescamente abiertas. Se miran lentamente unos a otros, se encogen de hombros y miran al suelo. Luego escuchan un grito de Luisa. La vemos correr bajando las escaleras hasta donde se encuentra el doctor Frankenstein, a quien le dice inútil, que no ha terminado al monstruo, mientras le pega cachetadas. El doctor se derrumba en las escaleras y dice que no lo pensó necesario para lo que él lo quería. Detrás de ellos se asoma el monstruo de Frankenstein, subiéndose su remendado pantalón y rascándose la cabeza mientras mira el techo.
Ella, hecha una furia, con los ojos echando chispas y un amargo rictus en su rostro, toma del brazo a Juan, a quien arrastra hasta la entrada del castillo. Está amaneciendo y ha dejado de llover.
Drácula empieza a acercarse al doctor Frankenstein, que llora desconsolado sobre los escalones, pero al verlo, saca de entre sus ropas un crucifijo, el cual hace caer de las escaleras al vampiro, el cual también derrumba a Raines, quien a su vez derrumba el saco con cosas de Drácula, esparramándolas por el suelo de cerámica.
Igor está consolando a su amo, el cual le pide que recoja las cosas y las vuelva a poner en su sitio, luego se dice: “y así cada fin de semana”.

Nota: 4.0

Yoshirô Muraki (1924 - 2009)

Murió ayer uno de los grandes colaboradores de Akira Kurosawa, uno de los principales encargados de la forma visual de sus películas y, por lo mismo, nominado a cuatro premios oscar por su excelente talento. A continuación, una muestra cronológica de su trabajo en sus mejores películas:
1948-49: Asistente de Dirección de Arte en las películas de Kurosawa "Drunken Angel" y "Stray Dog".
1952: Asistente de Dirección de Arte de "Vivir" (Ikiru)
1954: Asistente de Dirección de Arte de "Los Siete Samurais"

1957: Diseño de Producción y Diseño de Vestuario en "Throne of Blood"

También Diseño de Producción de "The Lower Depths" (Donzoko) de Kurosawa.
1958: Diseño de Producción de "The Hidden Fortress".
1960: Diseño de Producción de "The Bad Sleep Well"
1961: Diseño de Producción y Vestuario de "Yojimbo", de Kurosawa.

1962: Diseño de Producción de "Sanjuro".
1963: Diseño de Producción de "High and Low" un drama de Kurosawa.
1965: Diseño de Producción de "Barba Roja".
1967: Diseño de Producción de "Rebelión Samurai" de Kobayashi.

1970: Director de Arte de "Tora! Tora! Tora!", una colaboración estadounidense-japonesa para hacer una película sobre el ataque a Pearl Harbor.
1971: Director de Arte de "Dodesukaden", película fantástica de Kurosawa.

1980: Dirección de Arte de "Kagemusha", bellísimo todo.

1985: Diseño de Producción de "Ran", uno de las últimas obras maestras de Kurosawa.

1990: Director de Arte y Diseño de Producción de "Sueños" de Kurosawa con otros directores. Muchos cortitos sobre sueños, muy recomendable.

1991: Diseño de Producción de "Rapsodia en Agosto", un drama de Kurosawa.
Adiós, maestro de arte.

#28 - Spontaneous Combustion (1990)

Otro día, otra película de terror terrorífico para ver en el mes del terror de Exodus, una que no he visto de la CMM, aquí está el video que me deja de veras intrigado sobre la naturaleza real de la película: basura o underrated. Ya veremos.
Adivinen qué resultó ser pues amigos, resultó ser una de las películas más underrated de la historia del cine, cómo es posible que nadie haya podido ver lo brillante que es la película Spontaneous Combustion me asombra, por que ni siquiera es un favorito de culto, sino que es descartado como una mala película, cosa que no es para nada. Es una de las mejores cosas de Tobe Hooper y, sin duda, es mejor que The Texas Chainsaw Massacre 2.
Esta historia comienza en los años 50 con una prueba nuclear, donde una pareja se refugia en una casa contra radiación y explosión nuclear. El problema parece ser que se entretuvieron mientras estuvieron abajo, porque ahora Peggy, la mujer de la pareja queda embarazada. Los doctores y científicos encargados creen que es recomendable abortar, pero uno de ellos decide que se debe tener ese niño. Cuando el niño nace, los dos padres mueren, quemados espontáneamente cuando el bebé se aleja de ellos, esa escena da escalofríos. Ahora, un hombre en sus 30, Sam toma píldoras para controlar su jaqueca constante así como sus constantes 100 grados Farenheit de temperatura. Esto, hasta que empieza a descubrir que personas que él conoce y con las que está enojado empiezan a quemarse tal como hicieron sus padres.
Brad Dourif es el actor que encarna al protagonista, más conocido como la voz de Chucky o como Grima en ESdlA:Las Dos Torres. En esta película realiza un trabajo actoral de un nivel impresionante, ver a ese hombre lanzar fuego por las partes abiertas de su cuerpo y ver cómo realmente parece sufrir es impresionante, las expresiones de su rostro, así como su movilidad son lo mejor de la película. También son muy buenos los efectos especiales, ese control del fuego en personas es increíble, sobre todo en las escenas de combustión.
Aunque un poco confusa en su historia, la película es entendible después de un rato y aunque cuente con un final demasiado débil, le pongo un 8, no puedo creer en las personas que le den un 4 en Imdb, mientras The Brain recibe un 4.8, deberían avergonzarse de ellos mismos. Este es un verdadero clásico olvidado.