miércoles, 19 de septiembre de 2012

100 Días de Terror - Nº 58: Resident Evil: Extinction (2007)

¿Quién necesita el horror?, por Jaime Grijalba.
La cantidad enorme de sangre presente en esta película, gracias a las escenas finales en las cuales hay una enorme cantidad de zombies agrupados en un lugar y son aplastados y masacrados en conjunto por grandes máquinas de asesinar, no significa que sea una película de terror puramente tal. Tal vez la presencia de los monstruos favoritos (junto con algún otro perro) sea la mayor razón para poder localizarla dentro del género, pero esta película se mueve por otros lados más interesantes y mientras que el terror se da más por la ausencia de luz o la oscuridad de la noche, esta película gana puntos de interés simplemente por el hecho de hacer lo contrario, mover todo a la enceguecedora luz brillante del desierto, pero no cualquiera, sino el desierto post-apocalíptico más amarillo de la historia del cine. Es un giro interesante al pensar en la forma en la que la película funciona más como fantasía-ciencia ficción de un mundo que se está muriendo por falta del ser humano, pero notar que el mundo en vez de reverdecerse a causa de la muerte del 99,99% de los seres humanos (los cuales se han convertido en zombies especiales que no mueren porque tienen un metabolismo inexistente, lo cual les permite vivir sin agua y sin comida) sino que se desertifica, resulta algo extraño, sospechoso y puede que un tanto político a fin de cuentas.
Hablo de una película que se estrena en un año políticamente encandecido por la batalla del calentamiento global, estrenada tan sólo un año después de "An Inconvenient Truth" (2006) y a sólo meses de que ganara el Óscar al Mejor Documental. La presencia de un grupo de renegados sobrevivientes que apenas se mueve con buses y vehículos militares a través de un planeta que se encuentra despedazado, destruido y certificado no a causa del hombre, sino por su ausencia (Alice en su monólogo inicial nos dice que el desierto ha tomado su lugar en la tierra porque el humano no lo detuvo... y no creo que nunca hayamos detenido al Sahara o Atacama porque amenace con tragarse nuestras ciudades) y que por lo mismo se han secado la mayoría de los océanos (claro que estos elementos serían fácilmente olvidados para las películas siguientes donde vemos grandes masas de mar intactas). Resulta estúpido pensar que el ser humano habría sido el causante de la sobrevivencia de la tierra cuando lo que ocurre actualmente es exactamente lo contrario, y de todas maneras que resulta la película como un mensaje denegador y fascista del estado en el que se encuentran las coasa. También esto puede ser porque es la última película que no fue dirigida por Paul W.S. Anderson antes de que volviera a tomar las riendas de todo el asunto. Tal vez la presencia de otro director hizo que cambiaran las cosas a un rumbo muy distinto al esperado, pero claro, luego está el hecho de que el guión sigue siendo escrito por él. Bueno, será, pero sin embargo, esta es una película finalmente decente y muy entretenida.
Siguiendo dos narrativas separadas, en una siguiendo al grupo de sobrevivientes comandados por el resabio de los actores que quisieron volver de la cinta anterior, y en la otra siguiendo a Alice atormentada y con un traje de mesías encarnado que ni ella misma se lo cree. Por un lado vamos descubriendo nuevas locaciones y personajes, mientras que por el lado de Alice tenemos un camino de descubrimiento personal que hace a lo largo de la cinta mientras empieza a descubrir poco a poco qué es lo que significa ser Project Alice y no el simple ser humano que creía ser. Eso la lleva a experimentar con diversos elementos, quedándonos con el más interesante y a la vez el más ridículo: Alice ahora tiene el poder de la telekinesis, puede levantar desde rocas pequeñas hasta empujar monstruos de un lado a otro para hacerlos explotar en un río interminable de sangre que fluye constantemente, lo cual trata de decirnos explícitamente que todavía nos encontramos en una película de Resident Evil, luego de que esta cinta es lo menos parecido en toda la serie a un videojuego lanzado por Capcom: luz, exteriores, poderes mágicos, hordas de zombies asesinados como si fueran puré... pero aún así toda esa estupidez junta dan lugar a un producto que resulta alentador y digno de ver.
No es perfecto, Dios, no queremos decir esa palabra nunca cuando hablamos de una película de esta serie, pero hay algo de amor puesto en hacer una película más parecida a una cinta ochentera de fantasía, de capa y espada, pero con zombies, pistolas y magia por todos lados. Los personajes sufren las mismas faltas que siempre han tenido todas las cintas, lo mismo las actuaciones, pero acá es cuando el endiosamiento y complejo de Mesianismo empieza a aparecer claramente en el personaje de Alice, y aunque el camino recorrido desde entonces ha dejado que desear, sin embargo, esta historia de aprendizaje y crecimiento resulta divertido de ver en una tarde aburrida de domingo.  
7/10