lunes, 15 de octubre de 2012

#15 - Joey (1985) (Nº 84)

El terror nos afixia y nos atrapa, ya llegamos a la (casi) mitad de este mes del terror y nos preparamos ya para los días de Halloween que se nos vienen encima. Ha sido un mes hasta ahora bastante positivo en cuanto a las películas, aunque claramente hemos tenido meses mejores, eso nadie lo puede dudar. La película de hoy nos viene por cortesía de la Cinemassacre's Monster Madness, de James Rolfe, pero bajo el nombre de 'Making Contact', así que les dejo con el video que la critica, y yo por mientras, la veo.
Roland Emmerich es un director que no debe pasar desapercibido. Es de origen alemán y sus películas siempre son un golpe en la cara a cualquiera que las está viendo, ya sea de manera figurativa o no, sus películas son siempre tema de conversacion cuando salen. Ahora, no sé qué tanto impacto pudo haber causado esta, una de sus primeras cintas, una de terror sobre un muñeco animado, pero se nota que está hecha por él, porque tiene ese feeling bombástico de poner toda la carne a la parrilla, incluyendo las partes más asquerosas y repulsivas de la carne, para darnos un asado asqueroso pero siempre con el sello característico de Emmerich. La película es una mezcla de referencias y tramas ridículas de las películas recientes (en ese tiempo) de Steven Spielberg y George Lucas, poniendo incluso referencias factuales y visuales a esas películas, es por eso que cuando hablo de que Emmerich pone toda la carne a la parrilla, tenemos que esta, al ser una cinta alemana, se inspiraba, de alguna forma, en las cintas de esos dos directores para crear un éxito de taquilla en el país, a fin de asimilarse lo más posible a ese mundo (incluso sin decir dónde ocurre la historia, a fin de confundirnos y poder decir que sí, ocurre en Estados Unidos y no en Alemania), pero no sólo toma cierto tono y forma de filmar, sino que también toma las marcas y las figuras clásicas de las cintas y las pone en escena, una movida arriesgada y que resulta ser lo más interesante de la película (Darth Vader asusta a unos niños, y otro niño demuestra sus poderes síquicos atrayendo un vaso promocional de E.T.), que no tiene casi ningún sentido.
La película parte con una tragedia, la muerte de nuestro protagonista: Joey. No gastamos mucho tiempo más para notar que algo raro pasa: los juguetes y peluches de la pieza de Joey empiezan a cobrar vida, todo lo lleva a descubrir un teléfono que brilla y suena dentro de su clóset. Joey empieza a comunicarse con quien cree que es su padre, y a medida que pasa el tiempo va adquiriendo poderes telequinéticos, pudiendo encender fuegos, mover cosas y causar tantas otras en los objetos o en quienes lo rodean. Esto, supuestamente, es la forma que tiene un antiguo titiritero de pasar su poder a un niño con la finalidad de detener a un muñeco diabólico que se despierta en cuanto empiezan los poderes a aparecer. Acá está el problema, este niño empieza a comunicarse con este titiritero (pensando que es su padre) y empieza a recibir una cierta clase de poderes aunque no estamos seguros de que haya amenaza alguna, después aparece este muñeco (que también tiene poderes) para amenazar al niño, pero estas amenazas son débiles y tan evitables que no sabemos porqué no simplemente toma al muñeco y le rompe la cabeza de una sola vez. La película degenera en una copia de las películas de Spielberg de los años 80, mezclando elementos de tantos blockbusters que todo parece vómito vomitado.
Sin embargo, hay buena fotografía y un sentido de locura total que no se ve en productos hechos en Estados Unidos con más blandeza y menos fuerza. No es una buena película, fácilmente podría haber quedado en una cinta horrible, pero el auteur Emmerich, director de malas-buenas películas, logra salvarla con su atrevido visual. Más que salvarla... la mantiene interesante.
6/10